sábado, 26 de febrero de 2011

Otra cosilla.

En la semana, de regreso del supermercado, venía escuchando en la radio a la directora del Museo de San Idelfonso invitando a la gente a la exposición de José Clemente Orozco. Mañana será el último día de tan grandiosa exposición en la que lograron conseguir más de 500 obras de este famoso muralista mexicano. Mi esposo y yo somos admiradores de su obra, comentamos la necesidad de visitar  y conocer casi toda su obra.

Con la duda de si Diego ya estaba preparado para acompañarnos a los museos, nos pusimos manos a la obra muy temprano. Salimos pasadas las diez ( sí, dejamos de ver jugar al Chicharito), con llaves en mano y Diego alborotado porque iba de paseo,  nos dirigimos al centro de la ciudad.

Dejamos el auto estacionado a la altura de Bellas Artes, ya saben que el primer cuadro de la ciudad es casi imposible hallar un lugar de estacionamiento y con Diego en su carrito nos dirigimos caminando allá. Al entrar a la calle que convirtieron peatonal  sentí de verdad que estaba en una de las ciudades más grandes del mundo, casi casi del primer mundo. Ahora que tengo a Diego y lo sacó a pasear en su carreola me doy cuenta que la ciudad no está hecha para la gente con alguna discapacidad motora; las banquetas están pequeñas, al haber muchos árboles también están levantadas, o de plano están los autos estacionados en ellas. Por ello caminar en la calle Madero con Diego fue una delicia; bueno no tanto porque un perro abandonado en esta calle (cruza de bulldog o rotweiler) se pegó de mi marido y le rompió su pantalón,  éste le tiró para que lo soltara y entonces éramos nosotros los que no podíamos escapar del perro. Cuando nos quejamos con uno de los numerosos policías que "patrullan" la zona nos dijeron: " no, si nadie lo puede atrapar; no, si es tranquilo; no, si nosotros no estamos para cuidar perros..."  En fin...

Le dimos la vuelta a Catedral y llegamos a Donceles. El museo aún estaba tranquilo ( el chiste de la gran ciudad es que llegues temprano a todos lados y ya llevas ventaja ), tuvimos que dejar la estorbosa carreola, nos ofrecían una pequeña para el Diego, pero se me hizo más cómodo cargarlo en su "papu". Quizá no fue una buena solución porque el museo gratamente está acondicionado para gente con descapacidad y pude ahorrarme el más de 2 horas cargando la humanidad de 10 kilos de mi hijo.  

La exposición es por demás sorprendente, retratos, caricaturas, litografías, estudios para los murales, óleos, casi toda la obra de Orozco, nacional e importada estaba en el museo. Su visión del México revolucionario, la crítica a la sociedad y a las altas esferas del poder se reflejan con su muy característico estilo. La recorrí con Diego con rapidez, ya que a mi bebé le gustó experimentar el sonido de su voz en lugares con buena acústica, para no molestar a los visitantes dejé a mi esposo disfrutarla con calma. Más de 20 salas ocupó la obra y además de los grititos simpáticos de Diego puede decir que fue una buena experiencia.

Esperamos a su papi en la cafetería, como el hambre acuciaba pedí una ensalada, una simple combinación de vegetales que podríamos mejorar con la siguiente receta que les invento. Diego tranquilamente se comió su provisión alimenticia de salchichas de pavo, galletas y agua. Provocando la admiración de los demás comensales y la señora que limpiaba la zona quien se acercó a besar al coqueto.
El regreso al auto fue una odisea entre multitud de gente, estatuas humanas, botargas ruidosas y mucho, mucho tráfico. Al llegar a casa nos esperaba el recalentado de la pizza de la semana y así concluimos una bella experiencia artística en la Ciudad de México.


ENSALADA SAN IDELFONSO

1 lechuga orejona (ellos usaron de bola, pero no tiene tanto sabor como la orejona)
1/2 queso panela
1 jitomate saladet en trozos medianos.
1 aguacate hass
1/2 pechuga de pollo cocida
1/4 taza de crema agria
1 manojo pequeño de cilantro
1/2 chile serrano
1/4 aceite de oliva.
Sal y pimienta.

Piquen la lechuga, el queso panela, el aguacate y desmenucen la pechuga; coloquen en una ensaladera, revuelvan bien. En la licuadora pongan la crema, el chile, el cilantro y el aceite de oliva, muelan hasta lograr una salsa uniforme y no tan espesa. Condimenten  y llévenla al centro de la mesa para que los comensales se sirvan a su gusto.


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