martes, 5 de abril de 2011

La tradición cafetera de los latinos.

Hace más de una semana nos quedamos sin la reserva obligada de café. Tener que recurrir a marcas "patito de café" me ha costado horas de carrilla esposil  y reflexionar sobre cómo afecta a los latinos la falta de su café matinal.
El café trae recuerdos desde la infancia, mi mamá siempre nos preparaba café con leche con el desayuno. Hasta la fecha, mis sobrinos disfrutan en casa de su abuela el café matinal. Mi abuelo también era muy cafetero, cuando pasábamos las vacaciones de Semana Santa en casa de ellos en el campo, mi mamá siempre preparaba una caja con despensa y dentro de ella no podía faltar una bolsa de café molido. Mi abuela preparaba una jarra de peltre (de colores diversos) y la dejaba al lado del comal mientras hacía sus tortillas y de ahí nos servíamos en ollas de barro o de peltre.
Invariablemente el café se compraba en en la Callejuela Padilla del centro, con esa señora gestosa alta que sólo decía: "qué va querer", "cómo lo quiere molido". Y uno con cara de asustada desde pequeña se enseñó a pedir: me da medio kilo con 300 puro y 200 de plachuela, molido medio, por favor.

Hemos tenido varios artefactos para el café desde que nos casamos. Nos regalaron dos cafeteras de cristal, sí de esas que sólo pasan el agua media hervida sobre el café y no dan mucho sabor. Como no nos agradaba mucho el resultado, seguimos usando la cafetera minúscula para expresso regalo del amigo Flavio a mi marido, con el inconveniente que salía muy poco café. Luego se nos ocurrió comprar una idéntica más grande en el centro de la ciudad. Resultó que no era italiana y el café se escapaba por los lados, por lo que dejamos de usarla. Mi papá nos regalo una cafetera cuando vino de E.U., duró unos meses el gusto porque la resistencia se quemó. Entonces le volvimos a encargar otra, una Presto de más de un litro, ya que en México sólo encontrábamos cafeteras tipo industrial o de oficina y sólo somos dos para tanto café. Sin embargo, el mejor regalo que recibimos de nuestra boda fue un molino de café Krups por parte de Cecilia Fierro, compañera laboral de mi suegra.  Este molino está siempre al lado de nuestra cafetera y aunque puede usarse para moler especies, sólo lo usamos para el café.

A lo largo de los recorridos por el país y por algunos otros lares, hemos visto cómo es la cultura cafetera en cada lado. Hay lugares en los que casi no existe como Yucatán, en Mérida cuando pedíamos un café nos miraban con ojos raros y nos llevaban agua con un café soluble luego de la comida.  La cultura americana de café es medio rebuscada para mi gusto: a quién le importa si el café es descafeínado, si la leche es deslactosada o de soya; si los nombres de los tamaños están en italiano, si tiene un montón de sabores para ocultar el mal sabor de café quemado de todo el día. Mi esposo me enseñó cómo pedir un buen café en estos lugares de estrellas sobre un reno, pedir un café espreso del día y tendría menos problemas de café quemado.

Es muy conocido el arte de leer las posas del café turco, estando en ese país luego de un recorrido por la Mezquita de Sulaiman bajamos al hotel por un barrio típico de la ciudad de Estambul. Yo tenía antojo de un baclava y mi esposo de un café, buscamos un café tradicional y entramos. Se ponía el sol y decidimos quedarnos afuera del café, adentro los parroquianos fumaban narquila y jugaban ajedrez. El chico que nos atendió no sabía una pizca de inglés, nosotros no sabíamos turco, pero nos entendió lo que queríamos, no tenía baclava pero sí un delicioso café espeso. De regreso al hotel por la avenida que llevaba a la Plaza Beyazit dimos con un lugar que siempre recordamos, una especie de pastelería y dulcería, especializada en delicias turcas y baclava... mmmmm. Baclava de nuez, de pistaches, de almendras de todo tipo de pasta, cortes y sabores. Así como las famosas Delicias Turcas: especie de borrachitos con gomitas con muchos pistaches incrustados.  Pues aquí decidimos lo que sería nuestra cena y desayuno, compramos un kilo de baclava y nos deleitamos con el sabor de tan rico postre.

En Atenas compramos uno de los cafés más caros (9 euros), afuera de un hotel en la famosa Plaka, no tenía nada de espectacular, sólo el ir acompañado de una galleta. Café para recordar en hoteles sólo está el del hotel Casa de las Flores en Xochicalco, tenían una mezcla de Chiapas realmente deliciosa.

Aquí les presento una lista Top Five de los mejores cafés que hemos podido disfrutar a la fecha.
1.- Café orgánico de Oaxaca, comprado a una señora en la Playa Maguey en Huatulco, sin marca por lo que es difícil repetir la experiencia.
2.- Café amazónico Juan Valdés de Colombia, deliciosa preparación regalo de mi amiga Francis.
3.- Café orgánico de Costa Rica. Dos ricas combinaciones, una traída por mi suegra y otra por la mamá de un alumno.
4.- Mezcla de la casa del Coffe Bar de Polanco, siempre es un acierto en delicioso café.
5.- Café orgánico de Oaxaca, mezcla que venden en el Green Corner, aquí conviene revisar la fecha de caducidad para evitar mezclas  viejas.

Estas son nuestras opciones preferidas... "Bien, bien, bien... porque nadie como tú sabe hacer café" 





2 comentarios:

  1. Una trivia: ¿Cuál es el nombre de la mula de Juan Valdés??

    ResponderEliminar
  2. Mmmm, buena pregunta. Pablo dice que cuando compro marca Patito, es como el capítulo de los Simpson en que Marge ahorra y cuando compra café está el Sr. Juan Valdés tapándose la cara y la marca es "Vergüenza Colombiana".

    ResponderEliminar